Una triste noticia
A mediados del año 1980 mi papito comenzó a sentirse muy enfermo y el médico le ordenó una serie de exámenes que en su mayoría fueron tomados en la clínica en la que estuvo hospitalizado por aquellos días debido a una crisis que presentó su salud y por la cual debió permanecer 15 días interno, durante los cuales los exámenes arrojaron los resultados que tristemente se temían recibir y que confirmaban la presencia de un cáncer pulmonar que venia acabando con sus anhelos de vivir a pasos agigantados, pues su salud se iba apagando de tal manera que cada día mi papito reflejaba en su mirada una tristeza infinita y guardaba un silencio profundo como si quisiera decir tantas cosas, pero decidía guardar silencio.
Cuando tenia la oportunidad le decía a mi mamita que lo que mas le preocupaba era morirse y tener que dejarla sola.
Transcurrían los días que por cierto fueron tan pocos, y el día 10 de Septiembre siendo las 3:30am, según contaba mi hermanita, mi papito se quejaba mucho aquella madrugada y de repente comenzó a vomitar sangre pero como si fuer poco, la sangre le brotaba por los ojitos, la nariz y los oídos hasta quedar inconsciente, mi hermanita pidió ayuda a la policía pero los señores le dijeron que mi papito estaba muerto. Pero mientras tanto mi sobrino, mi mamita y yo ignorábamos todo lo que estaba sucediendo.
Este mismo día 10 de Septiembre siendo las 5:30 pm nos daban la noticia sin pensar en el gran dolor que nos causaban a pesar de que no se desconocía lo delicado de la situación por la que se encontraba viviendo mi papito. Bueno tan pronto la noticia arranque a correr como llevada por el viento ahogada en el llanto e inundada de dolor, en busca de mi mamita que había salido de la casa en busca de alguien que ella necesitaba; cuando mi mamita escucho llanto y gritos no imaginó que era yo y que además el motivo de mi dolor y angustia era la partida para siempre de mi papito.
Hoy después de tantos años recuerdo con mucha tristeza, con un dolor infinito llegar y ver a mi papito en ese cajón, su cuerpo tan frio, no me cansaba de mirarlo como esperando que me dijera algo, quizás que la vida había sido muy injusta separándonos tan pronto y dejando en mi vida el dolor infinito de una partida sin retorno.
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